Mi experiencia coworking

Unos amigos emprendedores se había embarcado en un proyecto que sonaba muy bien, muy de moda: crear un espacio de coworking para trabajadores. Conocían algunos que funcionaban muy bien en la ciudad y le había echado un ojo a una antigua sala de conciertos que había sido cerrada por no cumplir con el reglamento de aislamiento acústico. La alquilarían, la rediseñarían por completo y la decorarían al estilo de otros espacios similares: o sea, como si se tratara de un Starbucks.

Uno de los problemas que se encontraron al principio fue la dificultad para cambiar la organización interna. Tengo que decir que fueron demasiado ambiciosos al querer hacer un espacio muy diáfano: muchas columnas están ahí por algo… y a punto estuvieron de tirarlo todo por no asegurarse bien de lo que hacían. Y el gasto se les empezó a disparar.

Como les quedaba menos para la decoración, prefirieron ir a la seguro; compraron muebles por internet, también serie LED online y trataron de ahorrar lo más posible en el pequeño café que iba a instalar en uno de los flancos del local. Yo ayudé un poco en lo que pude: ellos me iban a “pagar” dándome horas gratis en su espacio, una vez que abriera: me pareció bastante bien ya que yo soy freelance y muchas veces no puedo trabajar en casa como me gustaría porque no tengo un espacio para mí: debo ir dando tumbos de aquí para allá en la casa.

Pero yo tampoco había trabajado nunca en un coworking: no es como una oficina, al menos aquello no lo era. Tanto insistir en lo desenfadado del lugar, que allí se hacía de todo menos trabajar. Y para los que necesitamos cierta calma, y un poco de silencio para concentrarnos, lo del coworking no es tan efectivo.

Que sí, que mucho mueble vintage y mucha serie LED online, pero al final la mayoría pasaban su tiempo en el café. A ellos les fue bien, eso sí, al menos de momento. Los coworking están de moda… aunque no se trabaje mucho en ellos, al menos en este. Yo, por mi parte, he vuelto a trabajar en casa.