Conducir en una ciudad pensada para los peatones

Para los aficionados a ir a todas partes en Coche pontevedra no parece la mejor ciudad para vivir. Y es que en las dos últimas décadas la cuidad ha sufrido una gran transformación que la ha convertido en todo un referente para otras urbes que están sufriendo el grave problema de la contaminación ambiental.

Ya en 1997, hace veinte años, Pontevedra declaró al coche un intruso en la ciudad y comenzó a elaborar un ambicioso plan de peatonalización. Hoy, la gran mayoría de los desplazamientos que se producen por la ciudad se realizan a pie o en bicicleta.

Es cierto que si hay una ciudad gallega que lo tuviera fácil en este sentido esa es Pontevedra. Se trata de una ciudad plana, totalmente llana y por la que caminar es algo muy agradable, lo mismo que andar en bici. Pero, ¿qué opinan los conductores?

En principio, la desconfianza era muy grande. Los comerciantes estaban seguros de que la peatonalización haría que perdieran ventas, pero ha resultado ser todo lo contrario. Los conductores se han acostumbrado a dejar su vehículo en un aparcamiento y caminar por el centro.

Y si es necesario atravesar el centro de la ciudad en coche por alguna circunstancia, la velocidad máxima permitida es de treinta kilómetros por hora, por lo que el vehículo no supone un peligro para el peatón.

Es cierto que para la gente que no está acostumbrada y está de visita en la ciudad puede llegar a ser un poco desesperante, en especial para poder llegar a su hotel y establecerse. Pero todo se les pasa cuando salen a dar una vuelta y comprueban el estupendo ambiente que se respira en todo el centro y lo agradable que es pasear por sus calles.

En el último año algunas de las calles de las afueras han perdido muchas plazas de aparcamiento a favor de aceras más anchas para que paseantes y terrazas puedan convivir. Como sucede con todos los cambios, esto ha enfadado bastante a muchos vecinos que ven como aparcar sus vehículos en las calles se convierte en una tarea muy difícil.

Pero, por otro lado, agrada a los que acuden al barrio a pasear y a los que tienen bares y cafeterías en la zona, que ven como tiene muchos más visitantes ahora que pasear por sus calles es más fácil. Como sucede siempre, nunca llueve a gusto de todos.