Mi vida como primerizo en el gimnasio

Nunca me he sentido atraído por el concepto del gimnasio: no me acababa de sentir cómodo en un lugar en el que todo el mundo está sudando y haciendo esfuerzos, me resulta un poco ridículo así, de primeras. Pero hace un tiempo mi hermano me regaló un descuento para un trimestre en un gimnasio que hay cerca de mi casa. ¿Estaría insinuando algo?

Puede que sea cierto que debo perder algo de peso y debería pensar un poco más en  nutricion y salud. Todo eso es verdad. Y tampoco me pasaría nada por probar en un gimnasio unas semanas, ¿no? Así que al final me decidí a aprovechar el descuento e ir por primera vez a un gym.

El primer día fue muy extraño. Me propuse ir a una hora en la que no hubiese demasiada gente pero no lo conseguí: es un gimnasio muy popular y da igual a la hora que vayas que está siempre a reventar. Tras pasar por vestuarios me quedé paralizado: todo el mundo estaba súper concentrado con sus cosas. Y yo me dije: ‘bueno, ¿y ahora qué hago? En estas, me abordó un tipo fornido con una gran sonrisa: era un monitor. Y entró en mi vida la ‘tabla de ejercicios’.

Todo el mundo ha oído hablar de ello, ¿no? Pues yo no… me tuvo que explicar que tenía que hacer, mientras algunos usuarios me miraban de reojo como diciendo ‘¿qué hace aquí este tipo que no sabe ni lo que es una tabla de ejercicios’?

Los siguientes días me dediqué a seguir al pie de la letra lo que me dijo el monitor. El problema fue que poco más tarde ya no estaba, se había ido a otro gimnasio o algo así y me quedé sin monitor. Yo que le estaba cogiendo cariño…

Cuando estaba finalizando el trimestre empecé a darme cuenta de que me sentía mejor físicamente, pensaba más en cuestiones de nutricion y salud y había perdido algo de peso… Pero lo del gimnasio seguía sin ser lo mío. Así que me llevé la tabla de ejercicios a casa, donde soy yo el único que suda y pone cara de esfuerzo.