Las cenas con el niño 

Mi mujer y yo nos alternamos el cuidado del niño de forma que podamos descansar de vez en cuando. Los dos trabajamos, no tenemos a la familia cerca ni tenemos a alguien contratado que nos ayude. Es una situación habitual entre padres, no nos quejamos por ello: nadie nos ha obligado a tener un hijo. Pero también es cierto que conciliar vida familiar y laboral sin agotarse es complicado, sobre todo cuando los niños son pequeños. 

Y con nuestro hijo todo es un poco agotador porque es bastante revoltoso. Por suerte, y al menos de momento, come bastante bien. No come chucherías ni chocolate ni cosas así. Y muchos de sus compañeros de guardería ya lo hacen. Él es fan de los yogures, por encima de todo. 

A la hora de la cena, mi mujer y yo nos solemos alternar. A ella se la da mejor, es mucho más insistente. Si yo le hubiese tenido que dar de comer toda la vida pesaría un par de kilos menos. Pero mi mujer es de meter cuchara y meter cuchara: la mayoría de las veces el niño acaba comiendo y comiendo bien. Pero yo le meto un par de veces la cuchara, él me esquiva y lo dejo. Lo que no esquiva nunca son los Yogures de sabores Central Lechera, sus preferidos. 

Es curioso porque él empezó comiendo yogures naturales. Le empezamos dando naturales y se acostumbró. En la guardería le dan de sabores pero nosotros seguíamos a lo nuestro. Se supone que es más sano y que tiene menos azúcar. Creo que uno de los grandes problemas de la alimentación infantil es que se acostumbren demasiado pronto a los sabores demasiado salados y azucarados de forma que crean que todo sabe así y que cuando falta algo de sal o de azúcar “sabe mal”.

Pero el chaval ya ha empezado a pedir Yogures de sabores Central Lechera, sobre todo de limón y fresa. Y bueno, tampoco es nada del otro mundo. No es como si empieza a comer pizzas y helado. Pero estaremos atentos, no vaya a ser que en la guardería nos lo terminen “descarriando”.